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Mi Familia, Mi Fe, Mi Decisión

Tuesday, July 1, 2014
Ann Marie Benitez, Director of Government Relations and Public Affairs for NLIRH
El Diario

Recuerdo cuando conseguí mi primer trabajo que ofrecía seguro médico. En estos días, yo viajaba bien largo y pagaba $30 o más al mes para anticonceptivos, lo que no era poco para el presupuesto de mi familia.  Con mi trabajo nuevo finalmente tendría acceso a métodos anticonceptivos más económicos.

Como han cambiado las cosas. Hoy en día, tenemos La Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (Affordable Care Act), la cual me proporcionó, (a mí y a 27 millones de mujeres en los EE.UU., incluyendo 5 millones de Latinas), acceso a los anticonceptivos sin copago.

Aunque las historias de mujeres que viajan por horas para conseguir anticonceptivos y otros servicios de salud reproductiva se están convirtiendo en la norma dentro de las zonas rurales de los Estados Unidos,  yo estaba viviendo en Alexandria, VA, una ciudad bastante ocupada y cerca de nuestra animada capital. 

Mi circunstancia no era ni es única, especialmente para mis hermanas Latinas. En un estudio reciente, el 57 por ciento de las Latinas entre 18 y 34 años dijeron que el costo de los anticonceptivos es demasiado e inasequible. Esta falta de acceso a los anticonceptivos es uno de los principales factores que contribuyen a los embarazos no planeados, algo que las jóvenes Latinas experimentan en mayor índice que cualquier otro grupo racial y étnico del país.

Yo siempre he creído que las mujeres deberían tomar sus propias decisiones sobre sus familias y futuros, y el tema se convirtió en algo personal para mí cuando mi esposo y yo decidimos crear una familia. En nuestro mundo perfecto, queríamos tres niños. En nuestros planes tuvimos en cuenta muchos factores, pero sabíamos que el uso de anticonceptivos sería necesario.

En el 2009, nació nuestro primer niño. Durante los meses siguientes, saboreamos cada momento. Cuando mi hijo tenía casi dos años, mi esposo y yo comenzamos a hablar acerca de tener otro bebé. Y en medio de nuestros alegres planes, nos llegó una devastadora noticia:  mi esposo tenía cáncer.  

Nuestras vidas se detuvieron, al igual que nuestro plan de tener un segundo hijo. Desde el momento en que supimos el diagnóstico, todo lo que hicimos se centró en un objetivo: mantener vivo a mi esposo.  Durante esos tumultuosos tiempos, el uso de anticonceptivos nos proporcionó algo de tranquilidad porque nos dio la confianza de que nuestros ya agotados recursos no correrían riesgos adicionales con un segundo hijo.

Saltemos unos cuantos años. El cáncer de mi esposo está en remisión. Hemos tenido a nuestro segundo hijo. Tener el tercero todavía parece bastante fuera de nuestro alcance. Mi uso de anticonceptivos todavía es algo necesario para el porvenir de mi familia.

Pero el caso ante la Corte Suprema podría cambiarlo todo nuevamente. Estos desafíos a la corte están siendo presentados por ejecutivos corporativos que quieren negar a sus empleados la cobertura de anticonceptivos, a pesar de la realidad de que la mayoría de los votantes estadounidenses, incluyendo el 89 por ciento de las votantes Latinas, apoyan la prestación de métodos anticonceptivos.

No puedo imaginarme la trayectoria que habría seguido mi vida de no haber podido planificar lo que más le convenía a mi familia: ejercer mi propio mandato moral como persona de fe. Hoy en día soy madre de dos niños maravillosos, la esposa de un sobreviviente del cáncer, y estoy ayudando a liderar la estrategia para fortalecer el poder de Latinas como yo para defender nuestra salud, dignidad y traer justicia mis comunidades. Nada de eso habría sido posible sin el uso de anticonceptivos asequibles y económicos.

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